6 años
han pasado ya desde que finalicé una etapa que empecé con la maleta cargada de
ilusión, de bolígrafos, de rotuladores fluorescentes y la esperanza de
encontrar mi realización profesional en un ámbito que me apasiona, que me
llena, que llevo dentro desde bien pequeña. Debo reconocer que con 17 años no
se sabe exactamente donde se mete una y resulta que sí, que cada día era una
oportunidad de aprender en ese aula de universidad con profesores cargados de
energía y sabiduría. Aprendí a saber lo que significaba la Epistemología, los
proyectos sociales, el feed-back, la empatía, la barrera mental para no llevar
el trabajo a casa, a investigar…pero sobre todo, a elegir a personas
maravillosas para compartir mesa y a las que hoy en día sigo teniendo por
suerte en mi vida.
Pero
desde entonces, solo he hecho todo lo que estaba en mi mano para seguir
avanzando, aprendiendo y buscando un hueco en este mundo, en esta sociedad que
a día de hoy, todavía no me ha dado la oportunidad de trabajar con, por y para
la sociedad (de un modo remunerado claro), porque jamás he parado de trabajar.
He sido voluntaria durante años en asociaciones, he seguido formándome en mil y
un cursos, me he reinventado, he cogido mi maleta y mi sombrero para buscar una
oportunidad en Madrid cual Penélope Cruz a Hollywood, he trabajado de payasa,
de azafata, he vendido bicicletas, perfumes, he sido camarera, me he disfrazado
de gato, de duende, he dado talleres sobre empoderamiento a través de risoterapia a una asociación de mujeres…aprendí a ser Dj en bodas y otros eventos, he cobrado
sueldos miserables y tenido que aceptar cobros en negro sin que me pudieran dar
de alta, por lo tanto en mi vida laboral se refleja una temporalidad que no es
real…. he hecho cientos de entrevistas en las que, finalmente mi perfil nunca
parecía encajar. Lo peor de eso ya no era no entrar, sino quedarte esperando y
mirando el correo y el teléfono para ver si ella respuesta llegaba, aunque
fuera para un: “No, pero gracias”.
Definitivamente,
soy consciente de que resido en la provincia con más paro de Europa, pero
también considero que el Trabajo Social es una de las herramientas más
necesarias y responsable de mejorar la calidad de vida de las personas, y
resulta que sigue tan desvalorizado como siempre. La falta de fondos y la
crisis económica ha recortado tanto que, para muchos puestos donde podría estar
haciendo una gran labor, contratan de forma voluntaria a personas para
ahorrarse costos. Lo entiendo, pero por la parte que me toca pienso: a un
médico, arquitecto, diseñador, periodista no le piden que empiece de voluntario
para ver si después pueden buscarle un hueco en la empresa ¿verdad?, pues a los de nuestro gremio sí. No
digo que ser voluntario sea algo malo, para nada. De hecho es una experiencia
que recomiendo a todo el mundo ya que es una actividad altruista que te hace
aprender tanto de los usuarios con los que trabajas como del equipo técnico que
te rodea y es realmente gratificante, pero llega un momento en el que, como
todos, buscamos esa recompensa que nos permita vivir dignamente.
Soy una
persona realmente optimista, inquieta y paciente, pero haciendo balance de todo
mi recorrido, es inevitable que en muchas ocasiones piense que quizás me
equivoqué o que no elegí el camino adecuado, pero inmediatamente me paro y me
digo NO, cada elección que he tomado en mi vida me ha servido para algo sin
duda. Para conocer a personas increíbles, para formarme en ámbitos que han ido
puliendo mi sensibilidad y que me han ofrecido un pensamiento crítico con el
que poder debatir temas como la igualdad.
Tengo la
gran suerte de poder apoyarme en mi gran familia, grandes amigos y gran pareja
que siempre me animan a seguir en la lucha, que escuchan con atención mis
inquietudes y explicaciones cuando aprendo algo y quiero compartirlo con ellos
y ellas, pero ahora me siento cansada, agotada, frustrada, porque todos mis
esfuerzos terminan con un vuelta a empezar. Valoro estas vueltas porque nunca
dejo de aprender y conocer personas y sé que algún día mi variado perfil
encajará en algún lugar donde pueda seguir aprendiendo, donde reconozcan mi
trabajo, donde tenga un sueldo digno y donde pueda por fin echar mis raíces como
Trabajadora Social.